Ayudo a otros terrícolas sin decirles lo que hacen mal

Ni lo que tienen que hacer

Mi ex-cuñada tiene una suegra (cosas que pasan). Su nombre es irrelevante, aunque te diré que rima con Toñi.

Dori, cuando habla contigo, mientras te da golpecitos en el antebrazo empieza tooodas sus frases con un «tú lo que tienes que hacer…»

Esto que hace Paqui, además de irritante, es más frecuente de lo que me gustaría. Y es que a nadie que yo conozca le gusta que le digan que está en un error, que las cosas se hacen así o asá...

Encima soy intolerante a la autoridad y tampoco soporto que me digan lo que tengo que hacer.

Por eso he sustituido en mi vocabulario el hayque y el tengoque por necesito y quiero.

Y sólo cuento lo que a mí me ha funcionado, y mis lectores —a veces— se inspiran, y me hacen caso. ¡Y eso que les digo que no lo hagan!

Para ser uno de ellos, me tienes que necesitas darme tu cochino email.

Mis lectores me odian.
Ódiame tú también.

Testimonios 100% inventados. Palabrita, verdad de la buena. Hazme caso.

Email de un lector de la newsletter: «Tengo que… necesito imprimir este email y colgarlo en la puerta de la nevera, en el espejo del baño, en la puerta de casa, en la pantalla del ordenador… Brillante.» Email de un lector de la newsletter: «A menudo me emocionan tus textos, pero hoy has tocado la tecla. Ando sumida en una espiral de miedo que me bloquea. No sé si compartes tus textos por algún otro lugar, pero creo que merecen ser leídos por más padawans, escribes con mucha verdad. Gracias.» Email de un lector de la newsletter: «Si no fuese porque ya le sigo iría de cabeza. ¡Qué email más bueno! Me apunto el libro. Gracias.» Email de un lector de la newsletter: «¡Jajaja, me encanta! Así lo haré. ¿Cómo se manda un jamón por email? (con la foto de un jamón)» Email de un lector de la newsletter: «Hola Dani, me gusta tanto que quisiera compartirlo. ¿Puedo?» Email de un lector de la newsletter: «¡Por fin alguien con un poco de sentido común! Debería viralizarse este email. GRACIAS.» Email de un lector de la newsletter: «Con esas respuestas a mails que te piden consejo estoy pensando en hacerte una lista de mis problemas para que me los orientes como es debido. Eso sí, por escrupuloso orden alfabético. ¡Un placer leerte!» Email de un lector de la newsletter: «Te leo muy a gusto y ahora entiendo por qué: además de escribir bien y con gracia, tienes espíritu y ánimo. Que no decaiga.»

☝ Vendí el piso. Y muy bien vendido.

Email de un lector de la newsletter: «Brillante. Tuve que hacer en su día lo del ikigai ese y me costó un mundo. Así hubiera sido mucho más fácil.» Email de un lector de la newsletter: «Amigo… en algunos textos te luces. No es que no lo hagas en las docenas que he leído y no he comentado, es que en esta ocasión no he podido contenerme.» Email de un lector de la newsletter: «Menudo correo. Me ha llegado al alma. Identificación absoluta contigo.» Email de un lector de la newsletter: «Jajajajajaja. Estás como una cabra. Me encanta el email.» Email de un lector de la newsletter: «Amén… ante esto solo puedo quitarme el sombrero e intentar abrazar esa nueva religión de la que hablas. ¡Gracias, me has hecho reír!» Email de un lector de la newsletter: «¡Qué brutalmente bonito!» Email de un lector de la newsletter: «Gracias por tu mensaje. De verdad. De corazón. Otros estamos pasando por momentos difíciles y este tipo de cosas animan y nos llegan dentro, hondo. Un abrazo muy grande.» Email de un lector de la newsletter: «Te felicito por el escrito, empecé el día emocionado. ¡Vamos con este martes!» Email de un lector de la newsletter: «Espero que la historia sea real, porque me moló, jajaja.»

☝ ¿Para qué me voy a inventar nada si la vida es una película de acción?